Soy Amelia Romo Márquez, mexicana. He vivido un período largo de vida misionera en la República Democrática del Congo y ahora me encuentro en Perú.
Mi labor misionera está centrada principalmente en la Animación Misionera y Vocacional, dos áreas esenciales para mantener viva la conciencia de que todos, por el bautismo, somos llamados a ser misioneros.
A través de diferentes espacios —parroquias, colegios, grupos juveniles y actividades eclesiales— procuro despertar en las personas el deseo de colaborar con la misión de la Iglesia y de comprometerse con el anuncio del Evangelio.
Animación Misionera en la Iglesia de Perú
La Animación Misionera es una tarea apasionante. En ella busco sembrar en los corazones la convicción de que la misión no es tarea de unos pocos, sino responsabilidad de todos los creyentes. En cada lugar donde voy, comparto el mensaje de que la Iglesia es, por naturaleza, misionera, y que cada bautizado tiene un papel que desempeñar en la construcción del Reino de Dios.
Participo en eventos parroquiales, encuentros organizados por colegios o grupos juveniles, y también en iniciativas que surgen desde las mismas comunidades. En muchos casos soy yo quien toma la iniciativa de acercarme, de ofrecer una charla, un taller o simplemente un mensaje misionero que motive y fortalezca la fe.
Durante las misas, especialmente después de la comunión, suelo compartir un breve mensaje que invita a reflexionar sobre la dimensión misionera de la fe. En las escuelas, en cambio, la dinámica es más participativa: se organizan actividades misioneras donde los estudiantes pueden conocer realidades de misión, rezar por los misioneros y descubrir cómo ellos también pueden ser testigos de Cristo en su entorno.
Animación Vocacional
Otra parte importante de mi servicio es la Animación Vocacional. Se trata de acompañar a los jóvenes en su proceso de discernimiento, ayudándolos a descubrir si el Señor los llama a entregar su vida por las misiones. Junto con otros misioneros y misioneras, participo en jornadas vocacionales, encuentros en colegios o parroquias, y también en actividades promovidas por las Obras Misionales Pontificias en Lima.
En cada espacio, el objetivo es el mismo: animar a los jóvenes a abrir el corazón a la llamada de Dios y a disponerse a servir donde más se les necesite, especialmente en contextos donde el Evangelio aún no ha sido anunciado o donde la fe necesita ser fortalecida.
Encuentros formativos con mujeres
Además, acompaño de manera más cercana a jóvenes mujeres que sienten inquietud misionera y desean conocernos mejor a las Misioneras Combonianas. Este acompañamiento incluye encuentros formativos —tanto humanos como cristianos y carismáticos— donde profundizamos en nuestro estilo de vida, nuestro carisma y el sentido de la entrega total a Dios y a la misión.
Estos encuentros pueden ser presenciales o virtuales, y se realizan aproximadamente una vez al mes. También se ofrecen momentos de diálogo personal, oración compartida y discernimiento, donde cada joven puede ir descubriendo poco a poco la voluntad de Dios en su vida.
La misión no tiene fronteras
Todo este trabajo requiere disponibilidad y apertura constante, ya que las actividades se desarrollan tanto en Lima como en otras partes del país. La misión no tiene fronteras, y por eso estoy siempre dispuesta a salir al encuentro, a viajar, a conocer nuevas comunidades y a compartir la alegría de ser misionera.
Ser misionera en Perú es para mí una gracia inmensa. Es un servicio que me permite ver cómo el Espíritu Santo sigue actuando en medio de la gente sencilla, en los jóvenes, en las familias y en las comunidades. Cada encuentro, cada actividad, cada rostro que descubro en el camino me recuerda que la misión es de Dios, y que nosotros somos solo instrumentos de su amor.
Amelia Romo Márquez
Misionera Comboniana en Perú
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
Comentarios
Publicar un comentario