El arte de sembrar y nutrir la fe en comunidad

 

La misión en Kujubim – Brasil, tiene como eje fundamental la formación de pequeñas comunidades cristianas y de los líderes que las sostienen y animan. Nuestro propósito es acompañar de cerca a las personas y favorecer el nacimiento de nuevas comunidades donde la fe pueda crecer y consolidarse. Junto a esta tarea común, cada hermana desarrolla además una misión específica. En mi caso, además del acompañamiento a las comunidades, colaboro activamente en la vida parroquial y participo en las diversas iniciativas de la pastoral.


Una Iglesia en salida que sale al encuentro

Una parte importante de mi labor está dedicada a los jóvenes y a los grupos de Infancia y Adolescencia Misionera. Mi responsabilidad consiste en formar a los asesores, impulsar la creación de nuevos grupos allí donde aún no existen y despertar en los niños el espíritu misionero desde los primeros años de su vida.

Procuro integrar siempre esta misión en la vida cotidiana de las comunidades, involucrando a los niños, a sus familias y a sus formadores en las visitas domiciliarias, uno de los pilares de nuestra labor evangelizadora. Es precisamente en esos encuentros con las familias donde comienza el nacimiento de nuevas comunidades cristianas. Algunas ya viven su fe, mientras que otras aún no han tenido un verdadero encuentro con Jesucristo o desconocen el Evangelio. Por ello, queremos ser una Iglesia en salida, que no espera a que las personas se acerquen, sino que sale a su encuentro para escuchar, acompañar y compartir la esperanza del Evangelio. Estas visitas nos permiten conocer de cerca situaciones de pobreza, enfermedad, desempleo, desestructuración familiar y profundas crisis de fe. Ante estas realidades, nuestra primera respuesta no son las palabras, sino la cercanía, la escucha y el acompañamiento, convencidos de que el anuncio del Evangelio comienza siempre por el encuentro con la persona.

Preparando a los futuros líderes locales

A medida que las comunidades se fortalecen, la formación en la fe adquiere un papel cada vez más importante. Junto a la catequesis, damos especial atención a preparar a los líderes locales que, en el futuro, podrán asumir la responsabilidad de animar la vida de sus propias comunidades. Mientras tanto, somos nosotras quienes guiamos las celebraciones de la Palabra y llevamos la Eucaristía a los lugares más alejados. Paralelamente, promovemos encuentros semanales de reflexión en torno a la Palabra de Dios, que se celebran en los hogares y reúnen con frecuencia a varias familias de un mismo vecindario. Estos espacios de oración y escucha del Evangelio fortalecen los lazos de fraternidad, alimentan la fe compartida y contribuyen al crecimiento de comunidades cristianas vivas y comprometidas

 Los niños se convierten en auténticos misioneros

Una de las experiencias más significativas por su impacto familiar es cuando los grupos de Infancia y Adolescencia Misionera, al conocer la realidad de niños en situación de vulnerabilidad por falta de alimentos básicos, responden con una generosidad admirable preparando víveres junto a sus familias para compartirlos; posteriormente, visitamos estas comunidades, propiciando un espacio donde los niños pueden jugar juntos y terminamos el encuentro con un momento de oración y el compartir del Evangelio que nos da siempre un mensaje de esperanza y consuelo. De este modo, no anuncio sola el Evangelio, sino que los niños se convierten en auténticos misioneros y aprenden que la fe no se reduce a las celebraciones litúrgicas, sino que se expresa en gestos concretos de solidaridad, servicio y amor al prójimo. Escuchar sus testimonios y ver cómo crece en ellos el deseo de servir a los demás confirma que la semilla de la misión está dando fruto.

Un intercambio de esperanza que fortalece mi vocación

La construcción de una comunidad cristiana es un paciente "trabajo de hormiga" hecho de pequeños pasos constantes, como el encuentro entre familias, que va dando vida a una comunidad comprometida; esta experiencia fortalece profundamente mi fe y mi vocación misionera, ya que la misión es un intercambio donde, al intentar sembrar esperanza, recibo a cambio el testimonio de una fe sencilla y perseverante que enriquece mi propio camino.

Hna. Gabriela Lado
Misionera Comboniana

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