Me llamo Nenita Basílio Velija. Soy de Mozambique, concretamente del distrito de Mogovolas, en Nampula. Soy la penúltima de seis hermanos. Mis padres son agricultores; de ellos aprendí el valor de la sencillez, el trabajo y la perseverancia.
Estudié Contabilidad y Gestión en una escuela de las Hermanas Misioneras Combonianas, en Nacala. Fue allí, donde empecé a conocer su labor más de cerca. Su testimonio me impactó profundamente: veía a mujeres que habían elegido entregar su vida, viviendo de forma sencilla, compartiendo el día a día con el pueblo y poniéndose al servicio de los demás. No era algo que me explicaran con palabras; lo veía de forma concreta en su rutina diaria.
Cuando Dios cuenta contigo, ninguna excusa es
valida
Considero mi vocación como un rayo: llegó en un
momento inesperado y con una fuerza que ya no podía ignorar. Ya en 2016 sentía
un impulso interior que me empujaba a pedir una experiencia de convivencia con
ellas, pero me faltaba valor. Quizás tenía miedo de lo que Dios pudiera
pedirme.
En 2019, asistí a una misa de acción de gracias
por las bodas de oro (el 50.º aniversario) de vida consagrada de la hermana
Linda Mantova, una misionera comboniana que había entregado cincuenta años de
su vida a Mozambique. Durante la celebración, pronunció unas palabras que se me
quedaron grabadas en el corazón: «Ya sé que soy mayor. ¿Quién ocupará mi lugar?
¿Quién tiene el valor? ¡Ánimo, jóvenes! ¡Dios también necesita fuerzas nuevas
para su misión!».
Esa frase fue una verdadera provocación para
mí. Me pregunté: «¿Y si ese “quién” se refiere a mí?». A partir de ese momento,
mi discernimiento se volvió más serio. Empecé a comprender que la vocación no
es simplemente elegir un camino propio, sino dejarse implicar en el sueño de
Dios para el mundo.
El valor de escuchar a Dios
Tras graduarme, pedí realizar una experiencia
más cercana con las Misioneras Combonianas como aspirante. Al concluir esa
etapa, sentí con claridad el deseo de continuar y pedí seguir adelante en el
camino.
No todo ha sido fácil. En mi familia, no todos
aceptaron mi decisión al principio. Sin embargo, seguí rezando y encomendando a
Dios mis preocupaciones y las de los míos. Con el tiempo, al verme regresar a
casa serena y alegre, empezaron a comprender y a apoyar mi opción de vida.
Durante el discernimiento, tuve la oportunidad de hacer apostolado dando catequesis a los niños, visitando a los enfermos y a las familias, y ayudando a algunos pequeños a aprender a leer y escribir. Estos encuentros me hicieron comprender aún mejor que la vida es un don, y que un regalo se vuelve más hermoso cuando se comparte.
Un “si” que se renueva cada día
Hoy, como novicia, puedo decir que responder a
la llamada del Señor no significa pronunciar un «sí» de una vez para siempre.
Es una renovación continua de ese «sí»; un discernimiento profundo hecho de
alegrías, preguntas, sacrificios y decisiones cotidianas.
No han faltado ni faltarán los retos. Cada
camino tiene sus piedras que superar. Sin embargo, he aprendido que los
tropiezos no siempre son obstáculos: a veces se convierten en puntos de apoyo
para seguir adelante.
A los jóvenes me gustaría decirles: no tengáis miedo de las preguntas que Dios pone en vuestro corazón. No tengáis miedo de deteneros, de escuchar y de preguntaros: «Señor, ¿qué quieres hacer con mi vida?». Quizá la respuesta no llegue de inmediato; tal vez aparezca justo cuando menos lo esperéis.
Mi camino aún no ha terminado: sigo aprendiendo, discerniendo y creciendo. Cada día intento repetirle al Señor: «Aquí estoy. Si quieres, puedes contar conmigo, pero sé que Tú eres mi fuerza».
Nenita Basilio Velija
Novicia Comboniana
Grupo de novicias en Brescia - Italia
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